Tres trinos de vértigo

NOTA: A propósito del primer año del escándalo de Interbolsa, La República me pidió un artículo sobre los trinos que puse en Twitter, en los que di las primeras alertas sobre el colapso de esa firma. Este fue el resultado, publicado en dicho diario.

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Bogotá.— Soltar una primicia por Twitter no es un asunto muy convencional, y menos aún cuando una ‘bomba’ noticiosa puede tener unas implicaciones tan serias como ocurrió en el caso de la firma de corredores Interbolsa el primero de noviembre del año pasado.

Por supuesto, antes de escribir una sílaba con una información tan delicada fue necesario hacer una serie de verificaciones para evitar cualquier error, que en un caso como este podría sepultar para siempre la credibilidad de un periodista.

Desde un comienzo yo fui consciente de las consecuencias que podrían tener las pocas frases contenidas en esos tres trinos, y por eso hasta el último momento confirmé cada uno de los datos que me disponía a divulgar. En una de las conversaciones previas con una de las fuentes consultadas, le pregunté: “¿Usted es consciente de que si esta información es falsa hoy puede ser el fin de mi carrera como periodista?” A pesar de que recibí un parte de tranquilidad de esta persona, consulté nuevamente a otras dos fuentes del sector financiero, una de ellas muy cercana a Interbolsa, las cuales me dieron más detalles y me hicieron algunas precisiones adicionales sobre la crisis que se avecinaba en el mercado bursátil colombiano.

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Así las cosas, faltando unos segundos para las 10:00 am, redacté el primer trino y, no exento de nervios, hundí la tecla de enviar. Obviamente, en unos pocos instantes mi cuenta de Twitter se convirtió en un hervidero de reacciones de mis seguidores. Algunos me tacharon de irresponsable, otros me acusaron de poco ético y los más intransigentes llegaron incluso a afirmar que yo estaba causando pánico económico, delito castigado por la ley en nuestro país.

Desde luego también hubo muchos tuiteros que les daban crédito a mis afirmaciones. En todo caso, sin prestarles atención ni a unos ni a otros yo publiqué dos trinos más con la información que tenía en mi poder sobre la debacle de Interbolsa, tema que en cuestión de minutos invadió las redes sociales y por poco hace reventar mi celular.

Una de mis fuentes me había informado que la empresa comisionista iba a emitir un comunicado a las 11 am reconociendo la crisis en que se encontraba; motivo que me llevó a eliminar mis trinos, pero sin retractarme de su contenido, de manera que a partir de ese momento la información fluyera por los canales convencionales.

Sin embargo, dicho comunicado no se produjo y quienes me señalaron como irresponsable se llenaron de argumentos para continuar atacándome. En medio de semejante agite, apareció en la página web del diario Portafolio una declaración de Rodrigo Jaramillo, presidente de Interbolsa, donde afirmaba que me iba a demandar, asunto que yo no podía tomar a la ligera, a pesar de la solidez que yo creía que mis datos tenían.

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No obstante, pocos minutos después de la amenaza de Jaramillo y mientras arreciaban las críticas de tirios y troyanos en mi contra, Interbolsa expidió el esperado comunicado del cual mi fuente había hablado. Lo que ocurrió a partir de ese momento ya es de dominio público, y aunque yo no sentí ninguna alegría, sí me produjo una inmensa satisfacción profesional.

Situaciones como esta se presentan pocas veces en la vida de un periodista y, por muy avezado que uno sea, cuando ejerce con intensidad este oficio las primicias siempre le ponen a hervir la sangre. Independientemente de que estas sean publicadas en la primera página de un gran periódico o en las tres líneas de una cuenta de Twitter. •

Aquí, el link del artículo en La República:
http://www.larepublica.co/finanzas/historia-de-tres-trinos-de-v%C3%A9rtigo_67171

Nota a mis lectores

Como muchos de ustedes habrán notado, estoy ausente de Twitter y Facebook desde comienzos del mes pasado. Hoy quiero contarles que no tengo prevista una fecha de regreso.

A todos les consta que en varias oportunidades, en el pasado, he puesto mis cuentas en dichas redes sociales al servicio de múltiples causas sociales, académicas, políticas, periodísticas, humanitarias, cívicas, etcétera; asumiendo las consecuencias de cada palabra que he escrito, principalmente en mis trinos.

Sin embargo, desde comienzos de septiembre –y con el objeto de preservar mi tranquilidad y aprovechar mejor mi tiempo– resolví marginarme tanto de Twitter como de Facebook, por lo cual, en las semanas recientes me he visto en la penosa situación de rechazar varias invitaciones que me han hecho para sumarme a campañas de distinto origen y variados propósitos.

En adelante no participaré en ninguna controversia ni discusión relacionada con política, ni siquiera de manera tangencial. He resuelto que cualquier opinión mía sobre esos temas o asuntos de coyuntura noticiosa sea manejada únicamente en mis caricaturas de Semana, en mi programa NSN Noticias y en mis blogs; además de mis ocasionales apariciones en Instagram. Nada más.

Desde que inicié este proceso de ‘desintoxicación digital’ mis días han sido más tranquilos, he aprovechado mejor mi tiempo y he tenido ocasión de estar más cerca de mi familia y mis amigos; cosas todas que valoro inmensamente.

Por otra parte, ha sido una grata sorpresa descubrir que las redes sociales son menos importantes en mi vida de lo que yo imaginaba. Las cosas ‘trascendentales’ que ocurren en Twitter, si de verdad valen la pena, son divulgadas por otros canales, como las emisoras de radio, los noticieros de tv o las páginas web de los medios de comunicación.

Repito: esta decisión sólo obedece a razones estrictamente personales y espero que así lo entiendan; puesto que no hay ninguna otra motivación.

Les agradezco su comprensión.

e-mail: vladdinstagram@gmail.com

“A mi edad, aún no entiendo la tostadora eléctrica”: Fontanarrosa

[Una entrevista] A finales de 2001, llamé a Fontanarrosa a su casa en Rosario, para pedirle una entrevista para la última página de la revista ‘Poder’. Luego de contarle de qué se trataba, le envié un cuestionario y un par de días después recibí un fax con las respuestas, las cuales se reproducen a continuación. Sobra aclarar que fue una de las entrevistas más divertidas que se publicaron en esa sección de la revista. —Vladdo

¿Qué tan en serio se toma usted?
—Me tomo muy en serio porque deseo cambiar muchas cosas con mi humor. Primero, el auto; luego mi casa…

¿Qué prefiere: dibujar o escribir?
—Las dos cosas. Por eso hago tiras cómicas.

¿De qué chica de tira cómica se enamoraría?
—Experimento un amor casi infantil por Lisa Simpson.

¿Una mina de diamantes o una mina de amante?
—Una mina de diamantes. Con eso se pueden conseguir miles de amantes.

¿Qué es lo más difícil de ser caricaturista?
—Convencer a los invitados de que una fiesta no se anima cuando llega uno.

Una caricatura que no le gustaría hacer…
—Todas las que no he hecho no me gustaban.

¿Hubo algún día feliz en la vida de Boogie?
—Boogie no tiene sentimientos. Tiene sensaciones, como el frío, el calor, el olor a café. Para él la felicidad puede ser el sabor de la cerveza.

Si pudiera encarnarse en uno de estos personajes suyos, ¿en cuál preferiría hacerlo: Inodoro Pereyra, Sperman o Boogie?
—Si el asunto pasa por encarnarse, lo mejor sería hacerlo en la Eulogia, la carnosa mujer de Inodoro Pereyra.

¿Qué haría Boogie si un día se tropezara con Mafalda?
—Boogie es un profesional. Sabe que hay que atacar las causas y no los efectos. Dejaría marchar a Mafalda e iría en busca de Quino.

¿Qué prefiere: el fax o el e-mail?
—El fax es el más sano. No tiene virus como el e-mail ni ántrax como las cartas.

¿Cuántas horas por semana usa la computadora?
—Las suficientes como para que a ella no se le vuelva una costumbre.

¿Qué es lo peor de las computadoras?
—Su permanente curiosidad. La mía me hace más preguntas que mi propia esposa.

¿A qué atribuye su ‘tecnofobia’?
—A mi edad, aún no entiendo la tostadora eléctrica.

¿Por qué es hincha de Rosario Central?
—Porque Dios, en su infinita sabiduría, me ha puesto sobre este mundo para sufrir.

¿Cuál es el mejor gol que ha metido?
—Los goles son como mis hijos. Y, debo confesarlo, Franco es hijo único.

¿…y el mejor gol que le han hecho?
—He recibido infinidad de goles por una deformación profesional. Como dibujante debo cuidar mis manos.

¿Pelé o Maradona?
—He gritado con más ganas los goles de Maradona que los de Pelé.

¿Menotti o Passarella?
—En Argentina la controversia es ‘Menotti o Bilardo’. En ese caso me quedo con Passarella.

¿Maturana o el ‘Bolillo Gómez’?
—El respeto por las autonomías regionales me inhibe de opinar sobre un problema estricamente colombiano.

Su selección ideal de fútbol…
—Fillol; Cafú, Beckenbauer, Passarella, Roberto Carlos; Platini, Bobby Charlton, Maradona; Pelé, Cruyff, Kempes.

¿Qué no le gusta de ser argentino?
—Tener que fingir permanente humildad a pesar de nuestra innegable grandeza.

¿Quién manda en la Argentina?
—George Bush.

¿Cree en la resurrección del señor… Menem?
—Por supuesto. Hace milagros. Multiplicó los peces, los panes, los campos y las mansiones de su fortuna personal.

¿Cree que alguna vez su país ha estado en el Primer Mundo?
—Si. Cuando pertenecía a España.

“Lo que murió con Castaño”

NOTA DEL EDITOR: Para prevenir cualquier accidente que se pueda presentar con los archivos de la edición digital del periódico ‘El Colombiano’, guardo en este blog la siguiente copia de respaldo de esta importante columna del doctor Fernando Londoño Hoyos. Es una pieza literaria, política y periodística, digna de leer y releer con regularidad, para entender mejor lo que pasa en este país y lo que puede pasar en los próximos meses. —Vladdo

Por Fernando Londoño Hoyoslondono-hoyos

Hace mucho tiempo supimos que Carlos Castaño había sido asesinado por los sicarios de las autodefensas. Ahora sabemos que lo mató su propio hermano -la vieja historia de Caín y Abel, otra vez- quiénes fueron los verdugos y en cuáles atroces condiciones cumplieron su encargo siniestro. Lo que hoy corresponde examinar es otro asunto bien distinto, y de mucha mayor entidad, a saber, qué murió con Carlos Castaño.

Las autodefensas existen porque existe la guerrilla marxista, valga decir, el ataque. Esa perogrullada suele pasarse por alto, y no por accidente. En su origen, están, pues, atadas a dos hechos fundamentales: el oprobioso vejamen al que estaban sometidos los campesinos colombianos, y la ineptitud del Estado para garantizarles la vida, la honra y los bienes, que es exactamente aquello para lo que el Estado existe.

Pero las cosas se complicaron, por donde peor complicadas pudieran verse. Y es que aparecieron en la escena de nuestra tragedia los mafiosos, disfrazados de campesinos. Lo mismo que andaban en las selvas celebrando con la guerrilla la más vil de las alianzas posibles, ahora aparecían en las zonas agrícolas más ricas, posando de hacendados y de mártires. Para defender el producto de sus ganacias miserables, se tomaron las organizaciones que los campesinos habían montado para ejercer el sagrado derecho a defenderse. Y así quedó planteada nuestra desventura: la guerrilla era fuerte por el auxilio de la cocaína, y las autodefensas se hicieron fuertes por la cocaína. En el fondo, esa sería la guerra entre hijos de la misma despreciable madre, auspiciada por la ineptitud del Estado para hacer lo suyo.

Quien tenga alguna duda sobre este planteamiento puede recordar el reportaje que Carlos Castaño le concedió a Claudia Gurisati, uno de los documentos periodísticos más importantes que se hayan producido en Colombia. Carlos Castaño, intelectual hecho a pulso, en el desorden metodológico y conceptual que puede suponerse, era la ortodoxia plena de las autodefensas originales, que de mal grado admitían valerse del narcotráfico, y solo como de un instrumento indispensable para sobrevivir. Pero que no perdían y no querían perder el norte de su naturaleza política antisubersiva y anticomunista.

Pero el dinero es mal aliado, hasta de las causas más limpias. Y además es poderoso y capaz de envilecerlas y de dominarlas. Que fue lo que pasó con las autodefensas, que se convirtieron de señoras en siervas, y trocaron su vocación política por su concupiscencia por la riqueza fácil. Y ahí se armó la gresca entre los que en medio de los excesos y contradicciones de las autofensas no querían renunciar a su sentido prístino, y los que preferían convertirlas en mafias fabulosamente rentables.

Lo que murió con Carlos Castaño fue el significado político de las autodefensas, su sentido como medio para enfrentar las Farc y sostener el derecho de propiedad en el campo y con ese derecho una manera de concebir la vida. Los que mataron a Castaño querían recoger el legado detestable de Pablo Escobar, de quienes fueron amigos y servidores algunos de los que hoy se llaman, tan injustamente, paramilitares.

Cuando en los acuerdos de paz se toleraron los mellizos, los bernas, los macacos y valoyes, la suerte quedó echada. Y cuando se olvidó proponer como condición primera y esencial la entrega de la droga, sus caminos, sus medios, sus cómplices, para acceder a un beneficio jurídico cualquiera, se abrieron las compuertas del desastre. Castaño murió físicamente, Ernesto Báez ha sido silenciado y Mancuso pareciera ser el próximo Castaño. Mientras los cultivos de coca subsisten, los laboratorios pululan y nadie toca las desafiantes riquezas de los supuestos negociadores de la paz, que apenas son delincuentes horrorosos en busca de impunidad.

Castaño murió. Ya lo sabíamos. Es hora de que resucite su elemental pero preciso ideario, la única manera de recuperar el alcance y la legitimidad de la paz que se viene discutiendo.

Artículo publicado originalmente en 2006, en la web de http://www.elcolombiano.com.
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