Una bomba en el vecindario

NOTA: Estas fotos estuvieron refundidas durante más de 9 años. Hace un par de meses las recuperé y hoy, por primera vez, las hago públicas.

Hace 10 años, al final de la tarde, regresaba a mi casa, ubicada a una cuadra escasa del Club El Nogal. Iba por la carrera 7a., hacia el norte, pero –por cosas del destino– un pequeño atasco de tráfico en la calle 77 me hizo cambiar mi ruta habitual y en vez de pasar frente al club, como era mi costumbre, decidí desviarme por la calle 76, hacia el occidente.

En cuestión de minutos llegué a mi apartamento, donde tenía una cita con mi amigo Gustavo del Castillo, quien llegó al mismo tiempo.

Entramos a mi casa, cerramos la puerta y no nos habíamos ni sentado, cuando sonó ese terrible estruendo. El inconfundible sonido de una explosión que lo sacudió todo, como si se tratara de un terremoto pequeño. En un principio, creímos que se trataba de un atentado en la Avenida Chile, pero muy pronto vimos que la cosa era más cerca a mi edificio y ahí sí me asusté.

Sin dudarlo un momento, tomé mi cámara –una vieja pero impecable Nikon F, de rollo– y salimos corriendo a la carrera 7. La imagen era espantosa. Todo era un caos, el edificio incendiado, la fachada destrozada y humeante, carros aplastados, ulular de sirenas, pitos, gritos de la gente.

Recuerdo al entonces director del periódico Portafolio, Mauricio Rodríguez, quien casi no respondió mi saludo, porque andaba entre escombros como un zombie, porque creía que alguno de sus hijos estaba en el Club, pero por fortuna no fue así.

En el andén occidental de la carrera 7a. encontré recibos de la cafetería del club. Junto a nosotros, había un carro bastante averiado; de su interior sacaron a un señor y lo pusieron en el andén, donde segundos después murió.

Y ese fue apenas el principio del caos. Las dimensiones reales de este nuevo acto demencial de las FARC apenas se empezaban a ver y los pormenores del mismo han llenado páginas de diarios y revistas en la última década.

De ese día son estas fotos, tomadas con mi antigua y entrañable Nikon.

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