Del palacio al santuario presidencial

A partir de la primera edición de 2012 de Semana, y luego de tres gobiernos y medio, el Palacito Presidencial sufre una nueva y radical transformación. Pero antes de hablar de este cambio extremo, es importante recordar los antecedentes de esta sección, que ha sido termómetro político de la presidencia en los años recientes.

El inicio. Como tantas otras creaciones, esta fue producto, si no de un accidente, de una afortunada coincidencia. El segundo semestre de 1998, durante el gobierno recién inaugurado de Andrés Pastrana, la Casa de Nariño empezó a publicar una suerte de boletín mensual, en el que se resumían las actividades del Jefe de Estado y sus ejecutorias.

Lo único rescatable de esos libracos era la portada. El mes en la Casa de Nariño, se denominaba cada tomo, y junto a los emblemas oficiales y el nombre del mandatario traía un dibujo en línea del palacio presidencial, a manera de grabado clásico. Al verlo, me llegó a la memoria una imagen muy familiar de la televisión de los años setenta: la última escena de cada capítulo de la serie Los Waltons, en la que aparecía una casita oscura, donde apenas se veían las luces de unas ventanas que se iban apagando en medio de diálogos candorosos y despedidas. “Buenas noches, John Boy”, se oía por una parte; “buenas noches, Mary Ellen”, respondían en la otra, hasta que la pantalla quedaba totalmente negra, y luego caía una hoja que formaba un logotipo, mientras un locutor en off repetía: “una producción Lorimar”.

El Palazo, en 2001

Cuando vi esa fachada de la Casa de Nariño, me resultó inevitable imaginar a Andrés, Nora, los niños y yo, repitiendo el mismo guión. “Buenas noches, Valentina”… “Buenas noches, Santiago”… “Buenas noches, Laura”… “Buenas noches, papá”… Pero como yo no trabajaba para la revista TV y Novelas, sino para una revista de actualidad, como lo es Semana, me tocaba meterle política al asunto, y fue así como resolví crear un monólogo, con una vocecita que salía de la ventana del despacho presidencial.

Así se publicó un buen tiempo, antes de que empezara su metamorfosis. Lo primero que le cambié fue el cielo, pues en el dibujo original el fondo de la imagen aparecía lleno de nubes, que producían mucho ruido visual. Yo decidí ponerle un cielo gris, más neutral. Tras la posesión de Uribe, en 2002, le hice la primera modificación seria a la fachada presidencial. Ese 7 de agosto dos granadas de rocket lanzadas por las FARC impactaron la sede del palacio presidencial, lo cual produjo unos daños menores en una cornisa de la sede del gobierno. Ese atentado fue la inspiración para poner la curita que apareció en la siguiente edición de la Vladdomanía y que permaneció inalterable hasta el año pasado.

El Palacito, en 2004

Luego de la presidencia de Pastrana y en el extenso gobierno de Álvaro Uribe, la viñeta del palacio presidencial fue un gran escaparate donde se podían apreciar las ‘hazañas’ del gobernante, como en un mercado persa. Ahí también estuvieron temporalmente muchos elementos que hicieron parte de la historia trágica de este país en esos ocho años: cortinas de humo, banderas extranjeras, animales, logotipos, emblemas de instituciones humanitarias, modelos desnudas y trofeos, entre otras cosas.

Desde esa época también la mansión presidencial quedó bautizada como Casa de Nari, en alusión a los términos en que se referían a ella ciertos personajes del bajo mundo que sostuvieron allí reuniones con varios miembros del gobierno, encabezados por José Obdulio Gaviria y César Mauricio Velásquez, a quien cariñosamente denominaban el ‘Cura’.

Y para estar a tono con los vaivenes del momento, el nombre mismo de esa pequeña sección ha variado sustancialmente. Lo que hoy se conoce como Santuario Presidencial empezó llamándose Palazo Presidencial; luego se transformó en Palazzo y después en Palacito, hasta desembocar en el Paracito Presidencial, nombre que adoptó desde 2008, cuando se destapó el escándalo (¡otro!) de la visita de alias ‘Job’ a la sede de gobierno, a la cual ingresó por un sótano.

Si a alguien le da pereza repasar las páginas completas de la Vladdomanía, al consultar las viñetas del Paracito Presidencial y ver su evolución, podrá encontrar un testimonio de primera mano de varios de los lunares más horrendos no sólo de la presidencia estirada de Álvaro Uribe, sino de la historia reciente de nuestro país.

Una nueva perspectiva. La nueva imagen escogida para ilustrar esa esquina de la Vladdomanía busca reflejar el cambio que ha habido en la sede presidencial desde hace año y medio, cuando Juan Manuel Santos se convirtió en su nuevo inquilino.

El estilo, las maneras, la concepción de la política, la visión del país y del mundo y el manejo de los medios, así como las prioridades de gobierno de Santos son radicalmente diferentes del estilo de Uribe y la idea era que eso se reflejara en el Santuario Presidencial.

Para hacer notorio ese cambio no era suficiente agregarle color a la antigua imagen, sino que se requería buscar algo que mostrara esa nueva perspectiva, desde la cual todo se aprecia en forma diferente.

Por otra parte, en esta nueva imagen se puede apreciar no solo la fachada sino también el tejado, las azoteas y una buena parte de las ‘entrañas’ de la sede presidencial, que en un momento dado pueden ser muy útiles para jugar con elementos que se pueden poner y quitar, objetos que salgan o entren, personajes que se asomen, etcétera…

En esta primera aparición, en efecto, el Santuario Presidencial aparece muy limpio, casi impoluto, y esto se debe a que era su presentación en sociedad. Sin embargo, con el correr  del tiempo (y de El Tiempo, seguramente) en esta imagen se verán reflejados los cambios políticos, los hechos noticiosos y demás situaciones que inevitablemente afectarán no solo al presidente y a su gobierno sino también al país.

Sigan en sintonía; esta nueva historia apenas comienza…

4 comentarios sobre “Del palacio al santuario presidencial

  1. Y ni hablar de la cerrada carrera séptima, que genera caos vehicular y congestión peatonal, de que se estarán escondiendo o a que le tienen miedo?

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