La popularidad y la prosperidad

Resulta muy curiosa la encuesta de la firma Consulta Mitofsky en la cual el presidente Juan Manuel Santos aparece con unos índices exorbitantes de aprobación, acariciando el cielo con las manos. En el reporte divulgado el pasado lunes, y que mide “percepciones que incluyen simpatías personales, partidistas y niveles de información”, JMS es el único que recibe una calificación sobresaliente y aparece en la parte más alta del listado, con un 77% de respaldo, superando al resto de mandatarios del continente.

Un poco más abajo figuran los presidentes Mauricio Funes, de El Salvador, con 72%; Ricardo Martinelli, de Panamá, con 65%, y Rafael Correa, de Ecuador, con 56%.

En esta lista de 20 mandatarios el atribulado Barack Obama ocupa el décimo lugar, con un escaso 47%, igualando a la gelatinosa presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, pero muy por debajo de otros dirigentes, como Felipe Calderón, de México, e incluso del errático presidente venezolano, Hugo Chávez, con índices de 52% y 50%, respectivamente.

No obstante, como lo señalan los propios autores del estudio, “este tipo de evaluaciones son sólo una forma de medir el trabajo realizado por cada uno de los Presidentes o Primeros Ministros y pueden o no mostrar totalmente la eficiencia y los logros de sus administraciones”. En otras palabras, hay que tomar estos resultados con beneficio de inventario, pues no siempre la popularidad de los gobernantes está directamente relacionada con el bienestar de sus gobernados.

En el caso colombiano es claro que la popularidad del presidente o la aprobación de su gestión poco o nada tienen que ver con el desarrollo del país, así se anuncie un promisorio año en materia económica. Según informaba ayer el periódico El Tiempo, en el último año las ganancias de los establecimientos de crédito arrojan un crecimiento del 57,3%; la inversión extranjera directa aumentó 56% y la venta de carros nuevos subió un 51,3%. Y todos los demás indicadores económicos resultan más que auspiciosos. Sin embargo, al mirar a nuestro alrededor, es difícil entender adonde va a parar tanta utilidad o a quiénes benefician tan maravillosos resultados.

Una muestra de esa contradicción sale a relucir al revisar el índice de prosperidad del Legatum Institute, de Londres, que produce un ranking basado en aquellos factores que ayudan a impulsar el crecimiento económico y a producir ciudadanos felices a largo plazo. En el estudio de 2010, Colombia aparece en el puesto 65, por debajo de las potencias obvias del mundo desarrollado y del continente (como Canadá y Estados Unidos), y también superado por Uruguay, Chile, Costa Rica, Panamá, Argentina, Trinidad y Tobago, Brasil, México y Jamaica.

Así que es mejor no hacer cuentas alegres, pues nuevamente queda en entredicho aquella premisa según la cual si al presidente le va bien, al país le va bien.

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