¿Seguridad democrática?

Muchos analistas y medios se han referido ya al espinoso asunto de los informantes que quiere reclutar el gobierno, y la verdad es que volver a hablar de las inconveniencias que conlleva transformar a la ciudadanía en un ejército de soplones es llover sobre mojado. Pero esas iniciativas son tan absurdas que es imposible no decir algo al respecto. A no ser que uno se ponga a hablar del otro despelote: el de la atropellada reforma a la salud, que también está manga por hombro, preparada al parecer por los expertos asesores del INRI (Instituto Nacional de Reiteradas Improvisaciones), al cual están adscritos, además, el INCO, el INVÍAS, la Nueva EPS, la Cancillería y el ministerio de Defensa, entre otros entes estatales.

Las propuestas del Presidente han llegado a tal extremo, que hasta los propios furibistas están aterrados, o por lo menos sorprendidos, con la sola idea de convertir en informantes a los universitarios de Medellín y a los taxistas de Cali. Después seguirán los loteros de Pasto, los artesanos de Leticia o los vendedores ambulantes de Bogotá. El argumento de que quien no es informante es cómplice de los crímenes que crecen sin cesar en las ciudades (cosa previsible, tras ese retorcido proceso de paz y la supuesta desmovilización de las AUC) se cae por su propio peso.

Si observamos con cuidado, el aumento de los asesinatos y demás delitos en las principales capitales, denunciados por todas partes y admitidos por las mismas autoridades, es la confirmación de que la tal seguridad democrática es una falacia, pues no hay manera de justificar los altos índices delincuenciales en una administración que se jacta de “haberle devuelto la tranquilidad al país”. Es verdad que ahora se corre menos riesgo al viajar por carretera, pero también es innegable que las ciudades se están volviendo infiernos. Y entonces la seguridad democrática, ¿qué?

Muy sencillo: este término (seguridad democrática) es absolutamente insustancial, pues si se supone que estamos en un régimen democrático la seguridad, la educación, la justicia y todas las medidas que tome el Estado deben ajustarse a los cánones democráticos. De otro modo, serían medidas dictatoriales, monárquicas, revolucionarias, bolivarianas, qué sé yo… ¿O es que en países como Estados Unidos, Chile o Alemania, la seguridad no es democrática? Por eso también me parece una tontería que varios candidatos presidenciales se estén devanando los sesos tratando de convencer a la gente de que ellos van a continuar con la seguridad democrática. Con un agravante: están olvidando que en este gobierno, el de la seguridad democrática, se han cometido innumerables atropellos contra la población civil, la prensa, las minorías étnicas, etcétera. Aquí lo que necesitamos es seguridad y punto. Lo demás viene por añadidura.

Pero las recientes intenciones de Uribe de volver esto una sociedad policíaca sólo son comparables con las medidas tomadas por la represión castrista y estalinista, para defender sus respectivas dictaduras, a las que denominaban democracias.

6 comentarios sobre “¿Seguridad democrática?

  1. Vamos a ver si se concreta finalmente esa politica de 1000 sapos a $100.000 cada uno, pero yo creo que esto pudo ser una de esas cortinas de humo a que nos tienen acostumbrados, para distraer el escandalo de la impopular reforma de la salud.

    Y si esto fue asi, surtio efecto, porque en los siguientes dias hasta ahora puso a todos los columnistas hablar del asunto, polarizo aun mas la poblacion, etc. y la dichoza reforma a la salud paso a un segundo plano.

    Esa de pagarle a sapos esta inspirada en la politica de los mal llamados falsos positivos o ejecuciones extrajudiciales.

  2. Vladdo: El señor Uribe fue a la Universidad pero tal vez a mirar a las compañeras o a las profesoras, o, tal vez, a cranearse lo que serían sus CONVIVIR o, a lo mejor, a servirle de soplón a las políticas del Estatuto de Seguridad de Turbay Ayala. No estudió ni por el forro a Beccaria que en 1764 en su obra De Los Delitos y de las Penas escribió sobre el moderno sapeo: “…Tal costumbre hace a los hombres falsos y solapados. Quien puede sospechar en otro un delator, ve en él un enemigo. Entonces los hombres se acostumbran a enmascarar los sentimientos propios y, con el uso de escondérselos a otros, llegan finalmente a escondérselos a sí mismos. ¡Desgraciados los hombres cuando llegan a tal extremo!. Sin principios claros e inamovibles que los guían, vagan perdidos y fluctuantes en el vasto mar de las opiniones; permanentemente ocupados en salvarse de los monstruos que los amenazan, viven el momento presente amargado con la incertidumbre del futuro…”

  3. Una vez vi un video propaganda del ejercito de USA llamado “know your enemy: japan” y en él se hablaba de que el sapeo era la estrategia favorita de las cabezas del regimen para acabar con todo tipo de oposición. De modo que si una persona hablaba mal del emperador o de la situación actual del país, el vecino que lo escuchara iría a decirselo a la policia.

    Han pasado 60 añso de eso, y en Japón la gente casi no habla con sus vecinos. Será que ese ambiente de desconfianza permaneció a traves del tiempo? será que eso nos espera a nosotros?.

    PDT: matador, me gustaba mas la plantilla anterior que tenía este blog (la blanca). La que tiene ahora es muy simplona. Pero entre gustos no hay disgustos

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