Hasta el otro año

Hasta el otro año vamos a tener que seguir pendientes de la publicitada liberación de Pablo Emilio Moncayo. Es increíble ver cómo las Farc le ayudan a Uribe a consolidar su discurso de mano dura, convirtiendo de paso a Alfonso Cano en uno de sus efectivos jefes de debate (el otro es Hugo Chávez). Yo no sé por qué esa banda armada es tan creativa para secuestrar colombianos o cometer atentados, pero en cambio es tan negligente y torpe para hacer gestos de buena voluntad. ¿O será que, como pasó con Emmanuel, tampoco tienen a Moncayo y están buscando pretextos para incumplir su promesa de devolverlo? Yo creo, sinceramente, que si les diera la gana de soltar a Moncayo y a los demás secuestrados podrían hacerlo en cuestión de horas, sin tanta alharaca ni propaganda. Cano debería entender de una vez por todas que con esas dilaciones crece el riesgo de que el Ejército les clave otra Operación Jaque que inflaría más a Uribe y desprestigiaría aún más a las Farc.

Hasta el otro año nos va a tocar esperar cómo resuelve Álvaro Uribe su encrucijada del alma. Después de tanta botadera de plata y tiempo, me late que el presidente, con el aval de la Corte Constitucional en la mano, va a salir a decir que él es respetuoso de la democracia y las instituciones, y que por lo tanto da un paso al costado. Las masas furibistas lo aplaudirán y se congregarán alrededor del candidato títere que Uribe señale (no creo que sea Juan Manuel Santos; me inclinaría más por alguien del estilo de Rodrigo Rivera) y Uribe seguirá en el poder por interpuesta persona. Desde luego esa decisión presidencial no va a ser consecuencia de sus convicciones democráticas, sino de la lluvia de opiniones calificadas que le han dicho en todos los tonos que no se presente a una nueva reelección; entre otras cosas para evitar que lo sigan comparando con Chávez.

Hasta el otro año el ministerio del Medioambiente se va a dar cuenta de lo ridícula que es esa medida de duplicarles el precio del agua a aquellos usuarios que excedan el límite de los 28, 34 o 35 metros cúbicos, según el clima de su ciudad. Es una medida tan estúpida que parece una inocentada. ¿Con qué criterios calcularon ese consumo? Eso no se puede imponer por casa, así no más, sin evaluar cuánta gente vive en cada residencia. No tiene sentido que establezcan el mismo límite para un apartamento con 4 personas que para uno con un solo residente. La norma, además, va a dar pie para que se cometa toda clase de abusos con las tarifas, pues cualquier error de las empresas de acueducto se lo van a achacar al desperdicio. ¡Y vaya y haga el reclamo! El ministro del Medioambiente debió buscarse una forma menos tonta de hacerse notar.

¡Hasta el otro año! Feliz 2010.

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