Revocar, ¿para qué?

Tras la captura de otros cuatro congresistas por sus vínculos con la parapolítica, se ha vuelto a plantear en días recientes la peregrina idea de revocar el mandato de los actuales senadores y representantes, dizque para dar paso a elecciones anticipadas que, ‘bajo unas nuevas reglas’, permitan elegir un congreso sano que recupere la credibilidad perdida.

Como reza el dicho, eso es ir a buscar el muerto río arriba, pues hay que tener en cuenta que las estructuras de poder local que permitieron la llegada de muchos políticos indeseables al Capitolio Nacional, aún siguen en pie. Antes de las elecciones de 2006, cuando se destapó el escándalo de la parapolítica y supuestamente se encendieron todas las alarmas habidas y por haber, se habló de la purificación del ejercicio electoral. Desafortunadamente, pese a las presuntas medidas preventivas dentro de algunos partidos y movimientos políticos, el fenómeno del año 2002 se repitió y nada se pudo hacer para evitar que los paramilitares se apropiaran de buena parte del Congreso.

Y lo peor es que ese sucio proceso, que hoy indigna a tanto patriota, se llevó a cabo no sólo de cara a todo el país, sino con la anuencia del señor Presidente de la República, quien no sólo no hizo nada para atajarlo, sino que utilizó a muchos de esos personajes de dudosa reputación para fortalecer su candidatura reeleccionista. En una entrevista para Un Pasquín que yo mismo le hice personalmente al doctor Uribe en enero de 2006, en la Casa de Nariño, cuando quise preguntarle por qué no rechazaba el apoyo de dichos políticos, sólo me dijo escuetamente: “Vamos a la otra pregunta”. Como yo le insistí, tratando de que respondiera, él también insitió en su evasiva y se zafó diciendo: “¿Cuál es la otra pregunta?”.

En cualquier otra parte eso es complicidad y el responsable recibiría, si no un castigo penal o disciplinario, al menos una sanción política o moral. Aquí no: a pesar de cosas como esa, él es aplaudido y cuantas veces se lance será reelegido. No hay que olvidar que en otra ocasión el mismo doctor Uribe dijo sin sonrojarse que necesitaba que los parapolíticos apoyaran sus proyectos de ley, mientras no estuvieran en la cárcel.

Si a las intactas infraestructuras políticas y económicas de los parapolíticos, se le suma el aval presidencial, es obvio que en una nueva elección no sólo vuelven los mismos con las mismas, sino que regresan fortalecidos, legitimados por el voto popular. Si de limpiar el Congreso se trata, sería mejor que toda curul ‘contaminada’ se perdiera, en vez de que fuera ocupada por un suplente. Eso sí sería un castigo ejemplar no sólo para los parapolíticos y sus partidos, sino para un presidente que se ha valido de una bancada ilegítima para sacar adelante sus cuestionables iniciativas en el Congreso, como la infame ley de justicia y paz, o el vergonzoso proyecto de reelección. Aunque sé que sería pedir demasiado, esa sí sería una saludable purga política.

Soñar no cuesta nada.

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