Sin piedad

Me da mucho pesar decirlo, pero la verdad es que no me hago muchas ilusiones sobre el papel que va a adelantar la congresista Piedad Córdoba en este nuevo intento de sacar adelante un acuerdo humanitario para traer de regreso a los secuestrados por las Farc.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que a los dirigentes de las Farc –llámense terroristas, sediciosos o insurgentes– les resbala todo y poco les importan las opiniones de cualquiera que de alguna manera los pretenda sacar de su libreto; ya sea Benedicto XVI o el mismo Chávez, como ocurre en este caso.

Si las Farc tuvieran reales intenciones de liberar a los rehenes que tiene en su poder, ya lo habrían hecho. Para eso no se necesita ni despeje ni acuerdo humanitario, ni ninguna otra de esas condiciones que los ‘farcángeles’ reclaman en la actualidad con tanta vehemencia, pero que no se requieren cuando se llevan a sus víctimas.

Por otra parte, es muy difícil que Uribe ceda a la solicitud chavista de ablandar sus posiciones. Como bien decía el viejo López, lo que se busca aquí [tanto por parte de las Farc como del gobierno] es una victoria y no una solución y no creo que el show que se está armando con Chávez como protagonista principal asistido por la señora Piedad Córdoba, cambie esa dinámica.

Me da mucha lástima también con las familias de los secuestrados que nuevamente se ilusionan con esta puerta que supuestamente se abre, pero que es muy probable que otra vez, por cualquier pendejada y con cualquier pretexto, les tiren por enésima vez en la cara, como ya ha sucedido en reiteradas oportunidades, lo cual no servirá sino para ahondar ese dolor que con razón tienen dibujado en sus rostros.

Francamente me parece inocuo que Piedad Córdoba haya resuelto prestarse para este juego, del cual no va a salir bien librada, pase lo que pase. Si resulta bien, sus detractores, que no son pocos, van a decir: “Claro, como ella es amiga de las Farc”. Y si resulta mal –escenario más probable y perdonen que insista en mi pesimismo–, van a decir exactamente lo mismo.

Lo que pasa es que aquí todos quieren convertirse en salvadores, desde Uribe hasta Chávez, pasando obviamente por Piedad Córdoba y el ex ministro Álvaro Leyva, quien no demora en saltar a la palestra. Cada uno de ellos espera que se logre el acuerdo humanitario, gracias a sus buenos oficios, para salir luego a cobrar sus dividendos políticos.

Pero lo que no tienen en cuenta es que las Farc tradicionalmente no ceden en sus posiciones. Ya llevamos dos meses con la noticia de la muerte de los 11 diputados del Valle del Cauca y no se les ha dado la gana de devolver sus cuerpos, y eso que anunciaron buena disposición para hacerlo.

Es mejor no hacerse ilusiones: como lo han hecho en otras ocasiones, las Farc –fieles a su tradición criminal y a su esquizofrenia– van a devolver a los secuestrados sólo cuando les dé la gana y en las condiciones que se les antojen. Para ellos no hay piedad que valga.

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