La peor amenaza a la libertad de expresión

Apartes de una columna del asesor argentino Gonzalo Peltzer.

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Bill Gates apareció al final, como estaba anunciado, para cerrar la reunión [de la SIP en Cartagena] y morirse de calor. Dijo que la era digital evitará la tala de millones de pinos… Es que no sabe todavía que es al revés: sin diarios no habría pinos pues los plantamos para eso, lo mismo que no existirían los pollos si no los comiéramos, o los toros bravos si se acabaran las corridas. Esta insistencia de los periódicos por hablar de internet me aburre hasta el sopor; como si los empresarios de radio se reunieran para hablar sobre fotografía digital.

Después de debatir sobre otra industria y considerar la inmortalidad del cangrejo, la SIP ha denunciado planes deliberados por doquier contra la prensa libre en nuestra América Latina.

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Por distintos motivos siempre algún poder (o algún desequilibrado) cercena la libertad de prensa, pero la industria sabe capear el temporal y consigue filtrarse por los resquicios del poder o esquivar al chiflado ocasional. La SIP se ocupa de ellas en declaraciones y advertencias, generalmente tan poco eficaces como el sermón de un cura a los convencidos que ya están en misa. La publicidad de los gobiernos se ha convertido en una suerte de extorsión a la que muchas veces la industria se ha prestado con lamentables resultados: se trata, casi siempre, de publicidad innecesaria, cara y con el único fin de comprar la voluntad del medio en cuestión. En este contexto, cuando el poder retacea o retira la publicidad a los medios que critican su accionar, les hace un favor: los vuelve libres y los coloca frente a su verdadero negocio.

Otras amenazas, mucho más graves, pesan hoy sobre la libertad de prensa en nuestra América mestiza. Sin ir más lejos, podría ocuparse la SIP de defender una industria económicamente sustentable, pues es la insolvencia económica de muchos medios la que los lleva a caer en las mencionadas maniobras de extorsión con la publicidad pública o privada […]

Pero muchísimo más grave todavía es la degradación cultural que aumenta cada año en nuestro continente. Se hace difícil encontrar profesionales idóneos para expresarse y público capaz de comprender los mensajes. Sin lenguaje no hay expresión posible, y la libertad de pensamiento se vuelve una quimera.

Peor amenaza que las broncas de Hugo Chávez, de Evo Morales o de Néstor Kirchner es la ignorancia de nuestro pueblo. Peor todavía que la cárcel de los hermanos Castro a 28 periodistas cubanos es la pobreza de nuestra gente. La educación es la verdadera riqueza de un pueblo. No es posible la libertad de expresión si ni siquiera sabemos usar el lenguaje. Y más grave todavía es que a veces no llegamos a saber que nos falta esa libertad. Es una desgraciada realidad latinoamericana: nadie puede decir lo que no sabe cómo decir.

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