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Lo malo de que gane Barack Obama es que, indudablemente, como presidente de Estados Unidos, va a tener que ceñirse a un libreto predefinido, entre cuyas prioridades está la preservación de la supremacía de su país en el mapa geopolítico internacional; tarea para la cual tendrá que echar mano de cuantas herramientas tenga a su alcance, como cabeza de la primera potencia mundial.
Un gobernante siempre debe tratar de sacar el máximo provecho para su país, y en eso los presidentes gringos son unos maestros. Otra cosa son los procedimientos para cumplir ese propósito, que en el caso del Tío Sam no siempre son los más claros, ni los más justos ni equilibrados… Así que en ese aspecto Obama puede ser un presidente más.
Lo bueno de un triunfo del senador de Illinois, aparte de que marcaría un hito como primer presidente negro de Estados Unidos, es que de alguna manera puede ponerle coto a la actitud non sancta de un tipo como Uribe, que tendría que replantear algunas cosas de su cuestionable estilo de gobierno, cuyas oscuras sombras empiezan a emerger. De alguna forma Obama le puede poner un tatequieto a los atropellos de la seguridad democrática, que tanto apoyo ha recibido del señor Bush.
Por otra parte, Obama es más abierto en temas como los derechos de las minorías y de los homosexuales, así como en el espinoso asunto del aborto.
Por eso prefiero que gane Obama… Y como están las cosas, tendría que suceder algo extraordinario para que McCain ganara. En cinco días lo sabremos…
